Lira toma su nombre del instrumento de Apolo, dios de la luz y de la música.
223 m² construidos en una cuarta planta exterior de una finca clásica de 1927, con techos de 3,20 metros de altura y orientación sur. En una ficha son cifras. Dentro son otra cosa: la luz entra por los dos balcones y el mirador desde primera hora y no se retira hasta el final del día.
Lira está a reformar, y ahí reside su valor. Su superficie y su distribución permiten proyectar tres o cuatro dormitorios, tres baños completos y un aseo de cortesía sin forzar un solo metro. Lo señorial ya está puesto —la finca, la escalera de servicio, el conserje, la proporción—; lo que queda es decidir cómo se habita.